martes, 11 de agosto de 2009

Los buenos compañeros

Qué agradable es viajar en buena compañía.

Sobre todo cuando se trata de un viaje largo y fatigoso, como el de este fin de semana. Pasar horas como copiloto de un gruñón o, peor aun, de un pesado, alarga la jornada y la hace insufrible, lo digo por experiencia.

Y miren que yo no soy un copiloto fácil de someter: hablo sin parar, salto de un tema a otro y tengo cuerda para varias horas seguidas, lo que seguramente es un daño colateral de este oficio para locos o suicidas en el que estoy metida.

Tomar la carretera con destino incierto, y preguntarte si vas a encontrar a la gente, el lugar o el tema que estás buscando, es una de las partes más emocionantes y gratificantes de este trabajo: planear en el camino qué vas a decir, cómo te vas a presentar, cómo vas a reaccionar si no... o si sí...

Si, además, tu compañero comparte la emoción, aporta su dosis de planeación y sus puntos de vista y tiene un excelente humor, el viaje de cuatro horas de Cintalapa a Acteal (de la costa a la montaña) y el regreso de noche a San Cristóbal, es como coser y cantar (decía mi abuela).

Por eso, gracias querido Jorge. Gracias por tu alegría y tu disposición. Por tu conversación, tu variada música y tus ocurrencias, y por ayudarme a descubrir que no soy la única loca (según algunos de mis seres queridos, que conste) que disfruta esas canciones cursis que cantamos juntos para aligerar el camino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario