Qué agradable es viajar en buena compañía.
Sobre todo cuando se trata de un viaje largo y fatigoso, como el de este fin de semana. Pasar horas como copiloto de un gruñón o, peor aun, de un pesado, alarga la jornada y la hace insufrible, lo digo por experiencia.
Y miren que yo no soy un copiloto fácil de someter: hablo sin parar, salto de un tema a otro y tengo cuerda para varias horas seguidas, lo que seguramente es un daño colateral de este oficio para locos o suicidas en el que estoy metida.
Tomar la carretera con destino incierto, y preguntarte si vas a encontrar a la gente, el lugar o el tema que estás buscando, es una de las partes más emocionantes y gratificantes de este trabajo: planear en el camino qué vas a decir, cómo te vas a presentar, cómo vas a reaccionar si no... o si sí...
Si, además, tu compañero comparte la emoción, aporta su dosis de planeación y sus puntos de vista y tiene un excelente humor, el viaje de cuatro horas de Cintalapa a Acteal (de la costa a la montaña) y el regreso de noche a San Cristóbal, es como coser y cantar (decía mi abuela).
Por eso, gracias querido Jorge. Gracias por tu alegría y tu disposición. Por tu conversación, tu variada música y tus ocurrencias, y por ayudarme a descubrir que no soy la única loca (según algunos de mis seres queridos, que conste) que disfruta esas canciones cursis que cantamos juntos para aligerar el camino.
Sobre todo cuando se trata de un viaje largo y fatigoso, como el de este fin de semana. Pasar horas como copiloto de un gruñón o, peor aun, de un pesado, alarga la jornada y la hace insufrible, lo digo por experiencia.
Y miren que yo no soy un copiloto fácil de someter: hablo sin parar, salto de un tema a otro y tengo cuerda para varias horas seguidas, lo que seguramente es un daño colateral de este oficio para locos o suicidas en el que estoy metida.
Tomar la carretera con destino incierto, y preguntarte si vas a encontrar a la gente, el lugar o el tema que estás buscando, es una de las partes más emocionantes y gratificantes de este trabajo: planear en el camino qué vas a decir, cómo te vas a presentar, cómo vas a reaccionar si no... o si sí...
Si, además, tu compañero comparte la emoción, aporta su dosis de planeación y sus puntos de vista y tiene un excelente humor, el viaje de cuatro horas de Cintalapa a Acteal (de la costa a la montaña) y el regreso de noche a San Cristóbal, es como coser y cantar (decía mi abuela).
Por eso, gracias querido Jorge. Gracias por tu alegría y tu disposición. Por tu conversación, tu variada música y tus ocurrencias, y por ayudarme a descubrir que no soy la única loca (según algunos de mis seres queridos, que conste) que disfruta esas canciones cursis que cantamos juntos para aligerar el camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario