sábado, 31 de julio de 2010

Periodismo secuestrado



Hace casi un año que escribí la última entrada en este espacio. En los últimos meses quise escribir sobre varios temas, pero la celeridad de los acontecimientos apenas me daba tiempo para reflexionar entre uno y otro y lo fui dejando.

Hoy, sin embargo, no quiero pasar por alto un tema preocupante que ocupó y preocupó al gremio periodístico toda la semana: el secuestro de cuatro compañeros en Torreón por un grupo vinculado al crimen organizado.

Los "levantones" -como se llama a este tipo de secuestros- desapariciones, tortura y asesinato de periodistas se han convertido, desgraciadamente, en una noticia cotidiana. Pero esta fue la primera ocasión en que el crimen organizado utiliza como rehenes a los comunicadores, con la exigencia de difundir sus mensajes.

Eso es muy grave. Afortunadamente, al escribir estas líneas, tres de los cuatro compañeros ya han sido liberados. Seguimos en la incertidumbre por el paradero del cuarto. Pero creo que este secuestro debe llevar a los medios a replantearnos la cobertura de estos temas, lo que no significa silenciar lo que pasa.

Ejerzo el periodismo con la convicción de que este cumple una función social, y creo que hasta ahora los medios, en general, se han ocupado más de documentar el ascenso y creciente poderío de la delincuencia organizada, dejando de lado el impacto negativo que ha tenido en la sociedad mexicana.

Las autoridades, para justificar su ineficiencia en el combate a los delincuentes, se quejan del cobijo social que éstos reciben. Es un hecho y no podemos negarlo. Pero creo que ahora debemos contar otras historias:
las de generaciones enteras de niños y jovenes dañados irremediablemente por la adicción a las drogas, las de los pequeños, medianos y grandes negocios que han sucumbido ante la extorsión y las amenazas de estos grupos, las de comunidades enteras que, ante la falta de opciones de empleo y desarrollo, se han sumado a la actividad delictiva.

Desnudados, desmitificados, por supuesto que los delincuentes perderán ese cobijo social del que se queja el gobierno, pero el Estado también debe hacer su parte. Debe dejar de promover cada detención como un gran logro, porque eso es su obligación, y debe también de dar opciones a la población: una lucha como ésta no se gana sólo con armas, se gana, sobre todo, con acciones y programas sociales que le den a la población opciones dignas de vida.

A los periodistas todavía nos queda la palabra. No podemos permitir que la delincuencia secuestre también a los medios, que imponga coberturas y líneas informativas. Ocurrió apenas, en medio de la crisis de los compañeros rehenes: la muerte de Ignacio Coronel en un enfrentamiento con el ejército desplazó de los titulares la agenda de la Ley Arizona, cuyo impacto es mucho más grave para México y los mexicanos y para todos los emigrantes latinos.

¿Tendremos la capacidad de aprender la lección y revertir el proceso? Esa pregunta sólo podrá responderse en los días y semanas por venir.