jueves, 6 de agosto de 2009

Hoy no fue uno de esos días

Hay días en los que creo que este país no tiene remedio, y que inexorablemente se van a cumplir todas las profecías mayas, aztecas y hasta las de Nostradamus, y vamos a ser aniquilados en castigo a la vergonzosa corrupción y a la inaudita impunidad que toleramos, impasibles, como individuos y como sociedad. Hoy no fue uno de esos días.

Me explico:
Generalmente empiezo el día leyendo el periódico (y mentando madres) porque la nota principal y varias más sacan a la luz un nuevo acto de corrupción oficial, una desvergüenza más de algún miembro de nuestra (¡toco madera!) clase política, o una tragedia desencadenada por la negligencia y ¡cómo no! por la corrupción, como el incendio de la guardería ABC.

Pero decía que hoy no fue un día de esos. Hoy, la cabeza principal de El Universal (La PGR aportó pruebas falsas en Acteal: Corte) me reconfortó y me hizo pensar que no todo está perdido, aunque marche a paso lento.

La nota adelantó la conclusión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre uno de las más vergonzosos episodios de impunidad en la historia reciente del país: la masacre de Acteal, Chiapas, en la que fueron asesinados 45 indígenas tzotziles, y de la que fueron acusados otros 87 indígenas, también tzotziles.

Justo 13 meses después de que la Corte atrajo el amparo solicitado por los acusados para investigar las violaciones a sus derechos durante el juicio, pudimos saber que, tras revisar el expediente, el máximo tribunal del país estableció que la PGR acusó a los indígenas presos con pruebas falsas y resolvió que deben ser liberados.

Que la PGR, y en general las procuradurías de justicia del país, falsifiquen pruebas para fabricar culpables no es novedad. Todos los mexicanos, y unos cuantos extranjeros, están familiarizados con ese vergonzoso proceder de nuestras instituciones de procuración de justicia, ya sea por haberlo vivido en carne propia o a través de algún familiar, amigo o conocido.

No. Lo novedoso y alentador en este caso es que la Corte se lance al ruedo, asuma su responsabilidad de garantizar el respeto a los derechos constitucionales de los mexicanos y revise la forma en que se imparte justicia en el país, para dictar las reglas del juego y restablecer la equidad.

La advertencia que dejará este fallo a la PGR, a todas las procuradurías del país, y de pasada también a los jueces y magistrados, es que nadie puede ser acusado con pruebas y testigos falsos, que tampoco puede ser obligado a incriminarse y, menos aun, pasar más de 10 años encarcelado sin recibir una sentencia, cuando la Constitución fija como plazo máximo el de un año.

Sé que muchas voces se alzarán para reprobar el fallo de la Corte, a nombre de las víctimas, porque en este país lo políticamente correcto es estar de su lado.
Yo creo que si queremos tener un futuro como sociedad debemos estar siempre, por encima de todo, de lado de la justicia. Y eso es lo que no ha habido en Acteal durante casi 12 años, ni para las víctimas ni para los acusados.

La Corte lo sabe y ha dado el primer paso para terminar con la impunidad, al menos en este caso.

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