miércoles, 25 de agosto de 2010

Rehenes del horror y la impunidad

Hoy fue uno de esos días negros en que una mala noticia se convierte al pasar los minutos y las horas en una catástrofe.
Comenzamos la mañana con la noticia del hallazgo de 72 personas asesinadas en un rancho de Tamaulipas. 72! y nada pasó. ¿Hemos perdido la capacidad de indignación y de asombro? ¿Desde cuándo el horror se nos convirtió en algo cotidiano?

Con el paso de las horas se confirmó que los asesinados eran indocumentados de Ecuador, El Salvador, Honduras y Brasil. El gobierno, paralizado, no atinaba con la explicación, que es una sola y muy simple: México entero es rehén del horror y la impunidad y, por si eso no bastara, la delincuencia organizada que nos tiene sometidos se ensañó ahora con un grupo de personas inocentes, que dejaron atrás patria, familia y amigos, en busca de mejores condiciones de vida.

Sus sueños quedaron truncados por la violencia en una tierra que ni siquiera es la suya, en una tierra que era paso obligado para luchar por sus aspiraciones; en una tierra, México, que se nos está deshaciendo entre las manos por la necedad de un gobierno que se niega a entender que la batalla contra la delincuencia no se libra solo con balas, policías y soldados, sino con oportunidades de crecimiento y desarrollo.

Lo que hace crecer la delincuencia, lo que le entrega a los grupos delictivos espacios de impunidad (municipios y estados enteros) para hacer y deshacer a su antojo es la falta de empleo, de salarios dignos, de espacios de recreación, de acceso ala educación y a la salud, en fin, la falta de opciones.

Si no es así, ¿cómo nos explicamos que la masacre haya ocurrido en las inmediaciones de una caseta de la Secretaría de Marina? ¿Cómo puede un grupo criminal, organizado o no, operar a sus anchas, secuestrar a 72 personas y ejecutarlas con la mayor crueldad sin temor a ser sorprendidos?

Solo cabe una explicación y es alarmante: el Estado mexicano ha perdido el control de grandes extensiones del territorio nacional frente al crimen organizado, pero también ante la delincuencia común. Porque si bien es cierto que la violencia asociada al tráfico de drogas ha ido creciendo mes con mes y año con año en esta administración, también lo es que en la misma medida han aumentado, sin control alguno, los delitos que golpean al ciudadano común: el robo a transeúntes, el de vehículos y a casa habitación.

Las historias sobre asaltos y robos de vehículos que antes nos llegaban de tercera o cuarta mano ahora se en encuentran, cada vez con más frecuencia, en nuestro primer círculo: los agraviados son nuestros amigos y familiares, o nosotros mismos.

Al cúmulo de preocupaciones cotidianas se suma ahora la obligación de extremar precauciones para cuidar de nuestra persona, de nuestros seres queridos y de nuestros bienes, porque el Estado ha dejado de cumplir su función primordial, esa que le da su razón de ser: la de garantizar la seguridad de los ciudadanos. 

¿Y vamos a seguir cruzados de brazos? ¿hasta dónde tiene que llegar el baño de sangre? ¿qué más debe pasar en este país para el presidente reconozca lo fallido de su estrategia y replantee la forma de enfrentar al crimen organizado y a la delincuencia común? ¿tendrá que obligarlo la comunidad internacional?  ¿qué consecuencias tendrá la masacre de esas 72 personas inocentes? ¿Podrá el gobierno de Felipe Calderón seguir diciendo que son daños colaterales en una guerra que se está ganando? ¿Con qué argumentos?

Esto no puede continuar. El horror y la impunidad no pueden seguir escalando indefinidamente. Calderón debe reconocer que el Estado ha sido rebasado, como lo advirtió hace unos meses un especialista en seguridad, y solicitar la intervención de la ONU mediante una comisión de expertos que asesore al gobierno para enfrentar el problema , porque de no tomarse acciones urgentes la comunidad internacional nos volverá la espalda, con justa razón, y México se encontrará aislado, abandonado a su suerte y, entonces sí, completamente a merced del crimen.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El presidente twittero

Hace unas semanas me enteré, no sin sorpresa, que al presidente Felipe Calderón se le había ocurrido ingresar a las redes sociales, concretamente al twitter, y lo consideré simplemente un disparate de los que acostumbra su equipo de asesores. Por cierto, ¿alguien conoce al autor o autores de este último?

Debo aclarar que no tengo nada en contra de twitter. De hecho, lo utilizo para saludar a mis amigos, enterarme de las novedades y comentarlas, y para algunas cosas más banales dirían los que me conocen, pero también es cierto que yo no tengo la responsabilidad, que sí tiene Calderón, de ser jefe de Estado y de gobierno.

Me parece muy grave que el presidente de este país recurra a twitter para informar a los usuarios de esta red que el aparatoso operativo policial del 9 de agosto pasado, que paralizó el fraccionamiento Bosques de las Lomas y atemorizó a sus habitantes, obedecía a la búsqueda de un peligroso delincuente.

Peor aún fue lo que pasó hoy. Calderón anunció también a través de twitter que había sido encontrado el cuerpo de Edelmiro Cavazos, presidente municipal de Santiago, Nuevo León, secuestrado el lunes pasado por un grupo delictivo. El presidente manifestó su condena por el asesinato y ofreció condelencias a la familia. !Qué falta de respeto y de sensibilidad!

La primera responsabilidad de Calderón, como presidente de este país secuestrado por la delincuencia, es dar la cara y hacerlo de manera institucional, sobre todo ante la tragedia que representa la pérdida de una vida humana.¿O acaso se ha eliminado de la Presidencia la oficina encargada de difundir la información oficial con la debida seriedad?
Si Calderón quiere jugar a ser popular y probar cuantos miles pueden seguir su cuenta (o deben hacerlo, como es mi caso y el de la mayoría de mis colegas), muy bien, que lo haga: que envíe sus ocurrencias ( a lo mejor alguien se las celebra y hasta les da RT), que haga chistes o mande mensajitos cursis.

Sin embargo, me parece que difundir por esta vía información delicada, o un hecho tan grave como el cobarde asesinato de Edelmiro Cavazos, es restar seriedad a lo que ocurre y a sus propios mensajes. El presidente pudo, incluso, enviar su tweet y, al mismo tiempo, informar sobre la muerte del alcalde por los canales oficiales de la Presidencia, de manera seria y respetuosa.

No sé cómo los asesores de Calderón le habrán vendido la idea de ingresar a tweeter. No se si le aseguraron que incrementaría su nivel de popularidad, (que acá entre nos le hace muuucha falta); o si si le dijeron que sería una manera de acercarse a los ciudadanos que gobierna, pero de ser así, desconocen que menos de 20% de los mexicanos tienen acceso a internet. Y de estos, seguramente no todos son usuarios de twitter.

Como estrategia de comunicación me parece muy mala. Creo que Calderón trivializa su investidura y, peor todavía, la gravedad de problemas como la delincuencia -organizada o no- que afectan a los mexicanos. Creo que merecemos más respeto y, desde luego, una explicación.

lunes, 16 de agosto de 2010

La Suprema Corte y las lecciones sobre la igualdad

Un debate en el que los mexicanos estábamos absurdamente metidos desde hace varios meses concluyó por fin de la mejor manera: un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que reconoce el derecho de las parejas homosexuales en el Distrito Federal a solicitar adopciones.

La semana anterior, el máximo tribunal declaró también la validez en todo el país de los matrimonios entre personas del mismo sexo.
El argumento es muy simple: impedir a estas parejas el derecho a contraer matrimonio a solicitar una adopción es discriminarlas por sus preferencias sexuales, y eso lo prohíbe la Constitución. No hay más que discutir. Es un tema de igualdad, y ese es un derecho fundamental.

Entonces ¿por qué la opsición, el rechazo y hasta las acusaciones irresponsables, por parte de los grupos más conservadores de la sociedad mexicana de que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación fueron "maiceados"? Es una afirmación grave y sin bases, que no puede pasarse por alto. POr lo pronto ya recibió la censura de todos los ministros, incluso de los que votaron en contra de la reforma.

¿Por qué, simplemente, no podemos convivir y respetar al de a lado y reconocer que es igual a nosotros, aunque no tenga el mismo color de piel, religión o preferencias sexuales? ¿Por qué hay grupos empeñados en imponer a los demás su visión de lo que es "moral y buenas costumbres" cuando eso corresponde al ámbito estrictamente personal?

El estereotipo de la "familia Disneylandia": papá-mamá-hijos, defendido a ultranza por las religiones de todas las denominaciones, pero particularmente la católica, no es sinónimo de familia feliz:
todos los días sabemos de hijos , explotados, golpeados o asesinados por uno o ambos padres dentro de un hogar formado en ese modelo.

La violencia intrafamiliar, el abuso, las adicciones son problemas cotidianos que enfrentan las familias tradicionales... y las homosexuales, por supuesto. Pero hay también parejas homosexuales que son modelo de convivencia, armonía y felicidad.

Tengo la fortuna de contar entre mis amigos más queridos a parejas heterosexuales y homosexuales, también algunos solteros y otros cuantos que viven en unión libre. Todos, absolutamente todos, son personas dignas de respeto y de confianza. Algunos de ellos son ya amorosos y entregados padres o madres; otros están en vías de serlo o, al menos, lo planean, y a algunos más no les interesa explorar esa faceta, una decisión que también es respetable.

Estoy convencida de que todos ellos, sin excepción, son capaces de cuidar y educar a un hijo, propio o adoptado; de inculcarle valores, principios y respeto a los demás y a sus diferencias. Eso es lo que cuenta.
La orientación sexual no define la calidad moral de las personas, ni su capacidad para ser madre o padre, estableció la Corte en su resolución. Esa es una realidad que puede comprobarse todos los días.

Las leyes no pueden fundarse en creencias, sino únicamente en el Derecho.