martes, 11 de agosto de 2009

¿Disculpas por qué?

"Ellos quieren que los disculpe, la verdad todos quisieran decir algo, pero ya ve que no hablamos bien español", me dijo Juan en un tono bajito, disculpándose a mitad de la entrevista por aquellos de sus compañeros que no hablan más que el tzotzil.


¿Disculpas? ¿disculpas por qué? me dije.

Las disculpas debemos ofrecerlas todos los demás, todos los que no hemos sabido, o podido, o querido, hacerles un espacio a los indígenas mexicanos para que caminen a nuestro lado y no detrás; todos los que lucran con su pobreza, con sus necesidades y con su infinita paciencia.


Me sentí avergonzada: no son ellos los incapaces de comunicarse, somos los demás los que no entendemos, los que no escuchamos, los que no miramos.


Me disculpé con Juan y sus compañeros. Les agradecí el tiempo que me dieron para conocer sus historias, para compartir conmigo sus temores y sus esperanzas, y salí preguntándome cuánto más seguiremos haciéndolos a un lado, cuánto tiempo más seguiremos tomando decisiones por todos, sin tomarlos en cuenta, sin importar si están de acuerdo.


Nos hemos acostumbrado a verlos sin mirarlos; sin preguntarnos, y peor aún, sin preguntarles, cuáles son sus sueños, sus esperanzas, qué quieren y cómo. Creemos que lo que está bien para nosotros debe estar bien para ellos, sin razones, sin argumentos, simplemente porque sí.

Somos una nación dividida, y así no hay camino que nos lleve al progreso.

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